Todos los años, el Global Entrepreneurship Monitor ofrece una radiografía de la actividad emprendedora de decenas de países. Veamos los resultados del 2006 para la Argentina...
En la sala de conferencias del Hotel Crillón, a metros de la coqueta Plaza San Martín, se realizó la presentación para la prensa de los resultados del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), un proyecto fundado en 1997 por las prestigiosas Babson College y London Business School con el objetivo de analizar las características de la actividad emprendedora a lo largo y ancho de la Tierra.
Desde 1999, el IAE viene participando en el proyecto a través del aporte de datos sobre la realidad emprendedora argentina. La profesora Silvia de Torres Carbonell (Directora del Centro de Entrepreneurship del IAE y del Proyecto GEM Argentina) tuvo a su cargo la exposición de los datos de la edición 2006. Veamos...
Argentina se encuentra entre los 14 países más emprendedores de los 42 que participaron en la encuesta. Uno de cada diez argentinos de entre 18 y 64 años participa de algún tipo de emprendimiento (esto representa alrededor de cuatro millones de emprendedores).
El 43 por ciento de los nuevos emprendedores se desempeñan en el sector consumo (comercio minorista, hoteles, restaurantes, servicios al consumidor, salud, educación y servicios sociales), el 34 por ciento en transformación (construcción, industria, transporte, comercio mayorista, comunicaciones, servicios públicos), el 19 por ciento en servicios empresarios (profesionales, financiamiento, seguros, propiedades, consultoría) y el cuatro por ciento en extracción (agricultura, caza, pesca, minería forestación).
En el 2006, uno de cada cuatro emprendedores declaró estar motivado por la necesidad. El 75 por ciento restante se mueve por la oportunidad.
La actividad emprendedora aumenta con el nivel educativo
La principal restricción que enfrentan los emprendedores argentinos es la escasez de capital.
Según Torres Carbonell, los datos de la edición 2006 del GEM brinda algunas perspectivas alentadoras. A diferencia de los días más oscuros de la crisis (cuando uno de cada dos proyectos surgía de la necesidad), hoy la mayor parte de los emprendedores argentinos se guían por la búsqueda de oportunidades.La estabilización económica y la competitividad cambiaria abrieron un abanico de nuevos proyectos en biotecnología, software, tecnología aplicada a la salud, al agro y al medio ambiente. También se detectan oportunidades en turismo, hotelería, entretenimiento y diseño. En otras palabras, el marco parece estar dado para que muchos prosperen.
Sin embargo, señaló Torres Carbonell, esto no significa que todo vaya bien en el mejor de los mundos. Todavía quedan grandes barreras por superar. La escasez de financiamiento que tanto preocupa a los emprendedores es sólo uno de los inconvenientes.Para que los buenos augurios se transformen en felices realidades, se necesitan políticas de largo plazo que provean estabilidad política y macroeconómica. Flexibilidad laboral, reducción de cargas impositivas, eficiente provisión de servicios públicos y la creación de un marco jurídico transparente también deberían figurar en la agenda de los policy-makers.
Según la experta del IAE, si pudieran encararse exitosamente estas reformas, no sólo los entrepreneurs saldrían beneficiados. La actividad emprendedora y la innovación son centrales para el proceso creativo en la economía y para la promoción del crecimiento y el desarrollo social y económico de un país, incrementando la productividad, generando empleo y construyendo capital económico y social.
http://www.materiabiz.com/mbz/entrepreneur/nota.vsp?tok=1238484931192&nid=29481
martes, 31 de marzo de 2009
sábado, 14 de marzo de 2009
La empresarialidad como cuestión social
Empiezo, como siempre, por lo que no tiene traducción.
En el marco de más o menos quince años en que se le dá mucha manija a la cuestión de la creación de empresas, el emprendedorismo y la empresarialidad, salen unos franceses con una posición bastante interesante.
Se llaman Boutillier (Sophie) y Uzunidis (Dimitri) y son regulacionistas, o sea, amigos de nuestros amigos de toda la vida (Dallasta dixit) como por ejemplo Coriat, Boyer o Lipietz (recordemos que los regulacionistas explican la evolución económica a partir de las regulaciones o su carencia por parte de las instituciones y lo hacen particularmente a través de un estudio sistemático de las crísis económicas)
A partir de un análisis en términos de roles y funciones económicas, Boutillier y Uzunidis consideran que el emprendedor es un agente económico que tiene una función según el lugar que ocupa en la división social del trabajo, la cual se complejiza y profundiza a medida que evolucionan las tecnologías y los saberes.
En esta línea, sostienen que la función empresarial se inscribe en el contexto de socialización "irreversible" de la economía por parte del mercado.
El emprendedor contemporáneo ya no es más el emprendedor heroico que caracterizó la época de las revoluciones industriales, como lo veía John Peters (Barnes, comunicación personal, 2008).
Los autores enfatizan la importancia de los procesos de socialización y de las redes y señalan que grandes países como Estados Unidos y Japón, desde los años ’50 han promovido y creado instituciones destinadas a fortalecer las iniciativas individuales y la creación de empresas tanto por razones económicas como políticas (como por ejemplo proteger la democracia evitando la formación de empresas monopólicas).
Sostienen también que a fines de los años ’70, cuando la crisis económica se intensificaba, el estado francés promovió fuertemente la creación de empresas y su inserción en la economía nacional, en la medida en que las pequeñas empresas eran percibidas por los políticos como capaces de innovar y crear empleo.
En este sentido, para estos pibes, la creación de empresas se inscribe actualmente en un marco definido por las estrategias de externalización de las grandes empresas y por las medidas de política económica adoptadas por el estado, de ahí la expresión de "emprendedor socializado".
Los emprendedores actuales son "emprendedores socializados". Avalan entonces la idea de que el emprendedor contemporáneo no es solamente el emprendedor innovador en el sentido schumpeteriano del término, la pequeña empresa (en el sentido de Marx y de Marschall) acompaña el desrrollo del capitalismo de la gran industria y de las grandes finanzas.
A partir de estos desarrollos, los autores identifican diferentes tipos de emprendedores socializados por funciones económicas distintas: emprendedor tecnológico, emprendedor de proximidad y emprendedor tradicional.
Proximamente, detalles sobre la tipología.
En el marco de más o menos quince años en que se le dá mucha manija a la cuestión de la creación de empresas, el emprendedorismo y la empresarialidad, salen unos franceses con una posición bastante interesante.
Se llaman Boutillier (Sophie) y Uzunidis (Dimitri) y son regulacionistas, o sea, amigos de nuestros amigos de toda la vida (Dallasta dixit) como por ejemplo Coriat, Boyer o Lipietz (recordemos que los regulacionistas explican la evolución económica a partir de las regulaciones o su carencia por parte de las instituciones y lo hacen particularmente a través de un estudio sistemático de las crísis económicas)
A partir de un análisis en términos de roles y funciones económicas, Boutillier y Uzunidis consideran que el emprendedor es un agente económico que tiene una función según el lugar que ocupa en la división social del trabajo, la cual se complejiza y profundiza a medida que evolucionan las tecnologías y los saberes.
En esta línea, sostienen que la función empresarial se inscribe en el contexto de socialización "irreversible" de la economía por parte del mercado.
El emprendedor contemporáneo ya no es más el emprendedor heroico que caracterizó la época de las revoluciones industriales, como lo veía John Peters (Barnes, comunicación personal, 2008).
Los autores enfatizan la importancia de los procesos de socialización y de las redes y señalan que grandes países como Estados Unidos y Japón, desde los años ’50 han promovido y creado instituciones destinadas a fortalecer las iniciativas individuales y la creación de empresas tanto por razones económicas como políticas (como por ejemplo proteger la democracia evitando la formación de empresas monopólicas).
Sostienen también que a fines de los años ’70, cuando la crisis económica se intensificaba, el estado francés promovió fuertemente la creación de empresas y su inserción en la economía nacional, en la medida en que las pequeñas empresas eran percibidas por los políticos como capaces de innovar y crear empleo.
En este sentido, para estos pibes, la creación de empresas se inscribe actualmente en un marco definido por las estrategias de externalización de las grandes empresas y por las medidas de política económica adoptadas por el estado, de ahí la expresión de "emprendedor socializado".
Los emprendedores actuales son "emprendedores socializados". Avalan entonces la idea de que el emprendedor contemporáneo no es solamente el emprendedor innovador en el sentido schumpeteriano del término, la pequeña empresa (en el sentido de Marx y de Marschall) acompaña el desrrollo del capitalismo de la gran industria y de las grandes finanzas.
A partir de estos desarrollos, los autores identifican diferentes tipos de emprendedores socializados por funciones económicas distintas: emprendedor tecnológico, emprendedor de proximidad y emprendedor tradicional.
Proximamente, detalles sobre la tipología.
EL ENSAMBLE - No solo sobrevivimos
Además...
Iniciamos la experiencia del ensamble.
Juguemos.
Juguemos juntos.
Pero juguemos en serio.
No estoy tan cerca de la acción, pero precisamente en estos días sí estoy muy cerca de la/s teoría/s en entrepreneurship (obvio: para mi francés modo de mirar el mundo es "entrepreneuriat") y bastante más que eso, pensando casi todo mi tiempo libre en la cuestión, digamos media hora al día.
De manera sistemática desarrollo algunas columnas sobre el tema que hasta hoy estaban reservadas a Dallasta, pero que a través de este medio abro a los kamales en su conjunto.
Juguemos.
Yo leo, pienso, les cuento.
Ustedes hacen, piensan, me cuentan, leen
Todos, escribamos, que buena falta nos hace.
Algo saldrá.
Iniciamos la experiencia del ensamble.
Juguemos.
Juguemos juntos.
Pero juguemos en serio.
No estoy tan cerca de la acción, pero precisamente en estos días sí estoy muy cerca de la/s teoría/s en entrepreneurship (obvio: para mi francés modo de mirar el mundo es "entrepreneuriat") y bastante más que eso, pensando casi todo mi tiempo libre en la cuestión, digamos media hora al día.
De manera sistemática desarrollo algunas columnas sobre el tema que hasta hoy estaban reservadas a Dallasta, pero que a través de este medio abro a los kamales en su conjunto.
Juguemos.
Yo leo, pienso, les cuento.
Ustedes hacen, piensan, me cuentan, leen
Todos, escribamos, que buena falta nos hace.
Algo saldrá.
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